Nuestro Carisma

Francisco, mientras un dia escuchaba devotamente la Misa de los Apòstoles, oyò recitar el trozo del Evangelio en el cual Cristo enviaba a sus discipulos a predicar y les daba la forma de vida evangélica, diciendo: “No se procuren oro, ni plata, ni dinero en sus bolsillos, ni alforja para el camino, ni dos tùnicas, ni sandalias, ni bastòn” (Mt 10,10).

Cuando oyò esto lo comprendiò, e inmediatamente, lleno de alegria indecible exclamò: “!Esto es lo que deseo, esto es lo que quiero con todo el corazòn!”, se quitò las sandalias de los pies, deja el bastòn, la bolsa y el dinero y contento de tener solo una tùnica, se quita el cinturòn y lo sustituye por una cuerda, poniendo todas sus preocupaciones en descubrir còmo realizar plenamente las palabras escuchadas.

Esta es la misma exclamaciòn que brotò de cada una de nosotras Hermanas Menores de san Francisco, hemos sido llamadas por el Señor al seguimiento de Cristo a través de las huellas dejadas por el pobrecillo de Asis.

En simplicidad y alegria, buscamos vivir la Regla que el mismo Jesucristo dictò a Francisco para él y para sus frailes.

Vivir el Evangelio para ser transformadas enteramente en la imagen del Hijo.

 

Vivimos una vida

  • Como contemplativas misioneras, misioneras contemplativas:

Nuestra jornada se destaca por la oraciòn, alimento principal de nuestra vida misionera, que se concretiza hacia un apostolado al servicio de la Iglesia local, pero que al mismo tiempo desarrolla misiones populares, en pueblos o en barrios de la ciudad, en los cuales, de dos en dos, puerta a puerta, llevamos la Buena Noticia de nuestro Señor Jesucristo y llevamos la paz del Señor.

  • En pobreza:

A fin de que nuestra confianza pueda residir sòlo en el Padre, recordando aquel paso de la Escritura en que se dice: “Miren las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros y sin embargo, el Padre las alimenta, no valen ustedes màs que ellas? (…). Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se arroja al horno, Dios la viste asì, ¿no lo harà mucho màs con ustedes?” (Mt 6,26-27.30)

  • En fraternidad:

Muy amada por Francisco, el cual decìa que el amor que debia haber entre los hermanos debia superar el amor que una madre tiene por su hijo carnal, recordando las palabras de Jesùs: “Este es mi mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15,12).

Todo esto està acompañado del trabajo que en general desarrollamos al interior de nuestras comunidades.

Estos aspectos de nuestra vida estàn acompañados del deseo de llevar una vida de minoridad, siempre en obediencia a la Santa Iglesia, a fin de que “seamos sumisos a todos”, como el mismo Jesùs, que “se despojò a si mismo asumiendo una condiciòn de siervo, volviendose similar a los hombres”. (Flp 2,7).

 

Nos proponemos vivir intensamente la vida evangèlica, acordàndonos de las palabras del Apòstol: “Aspiren intensamente a los carismas superiores, los carismas màs grandes. Y aun les voy a mostrar un camino màs excelente. Aunque hable las lenguas de los hombres y de los àngeles, si no tengo caridad soy como bronce que suena o cìmbalo que retiñe. Aunque tenga el don de profecìa y conozca todos los misterios y toda la ciencia, aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad nada soy. Aunque reparta todos mis bienes y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad nada me aprovecha. Buscad la caridad” (1 Co 12, 31-13,3;14,1).

 

Y al final de su vida, el Santo padre Francisco escribiò en su testamento estas palabras a sus frailes: “Y quien observe estas cosas, sea lleno de la bendiciòn del Altisimo Padre en el cielo, y en la tierra sea lleno de la bendiciòn del Hijo amado, con el Santisimo Espiritu Paràclito, y con todas las potencias de los cielos y con todos los santos.

Y yo, fray Francisco, pequeñuelo, vuestro siervo, en aquello poco que puedo confirmo dentro y fuera esta Santìsima Bendiciòn”.